A Jugar a Pedal o una Jornada en la Patria de la Infancia

Convocatoria

“Los días mas felices fueron, son y serán bicicletístas” dijo Fran, parafraseando un famoso dicho del movimiento político que proclamó que los niños eran los únicos privilegiados. Sonreímos más allá del peronismo por lo acertado del comentario, mientras los preparativos de la Fiesta sobre Ruedas intitulada “A jugar a Pedal” iban creciendo con la misma intensidad con que crecía la cantidad de chicos que se hacían presentes en el Parque General Paz el último domingo 30 de octubre.

Nuestra parte había empezado en la Masa Crítica de agosto, cuando el Tomi, de La Fabricicleta, nos invitó a acercar propuestas para un evento de bicis y chicos que estaban preparando junto a un grupo de maestros del barrio de Villa Urquiza. La oferta nos trajo una bienvenida excitación de poder coincidir con estos estimados ciclistas en algún proyecto, que además de concretarse, vaya forjando vínculos entre los del pedal.

Cargotandém

Mientras proyectábamos acciones que tuvieran a los chicos y a las bicicletas como protagonistas exclusivos, se dieron intensos debates en torno a temas sustantivos y trascendentes que pertenecían más a una fascinante ética del crear que al simple acto de poner actividades en orden cronológico. ¿Hacemos carreras con las bicis de los chicos? ¿Queremos que alguien gane algo? ¿Debe haber ganadores para que parezca que sucedió un hecho emocionante? ¿Es el azar de los sorteos una herramienta poco usada para construir una democracia radicalizada o solo es pura suerte?

El evento

Salida

Retomando las mejores tradiciones masacritiqueras nos fuimos hacia el parque desde La Fabricicleta, aunque esta vez, a diferencia de la masiva coincidencia, estábamos guiados por un norte claro y definido. Hilén demostrando lo mucho de su dominio del pedal, como luego junto a Clarisa de su paciencia, se subió a un tándem llevando como copiloto una bici sin pedales y un conjunto de cámaras para los juegos, mientras que otros transportaban en carros cosas útiles para la tarde. Quiénes no estaban en el tándem ni rodaban con los carros, llevaban acopladas a sus máquinas las bicis para chicos que donaron y arreglaron distintas personas -entre ellas la familia Sevillano, todo un pedazo de historia del ciclismo argentino- y que Leo transportara atadas a su espalda unos fines de semana previos. Las bicis para pibes enlazadas a las de los grandes se parecían a veloces parejas de delfines jugueteando en su elemento y dibujaban esa eterna sonrisa de mar que tienen estos cercanos mamíferos.

Bicicarreta

Una vez en el parque se definió el circuito, que como en una pista de ciclocrós porteño, incluía pequeñas lomas, obstáculos y conitos; mas las prendas a cumplir bajándose de la bici. Se dispuso de un pequeño espacio de reparaciones, se procedió a presentar las bicicletas que usarían libremente los chicos y con el apronte de Fernando y su bicicarreta, arrancó el evento sin más pompa que una suave romería de voces pequeñas y ansiosas.

A vencer

Las actividades se realizaron con total éxito y el circuito funcionó con mucha fluidez, encausada por la alegría de jugar de los chicos y de los grandes que jugaban a ser grandes. La fluidez del circuito, bien distinta a la precisión tiránica de los relojes, en parte fue conseguida por la absoluta ausencia de voces embotadas de coordinadores gritando consignas marcializadas por sistemas de audio ensordecedores. Quien quería saber se acercaba y obtenía en la cordialidad de la música, una consigna, un número para el sorteo, un turno para jugar a una versión cletística del gallo ciego o bien para pasear en la bicicarreta sin más orientaciones que la curiosidad.

Bicitutor

Destacamos del parque ciclístico presente a las bicicletas recuperadas por La Fabricicleta y a las bicis con tutor diseñadas por Fernando para los chicos que andan con rueditas. Estas bicis contienen una suerte de bastón, que sujetado al cuadro permite acompañar o guiar al niño en el difícil trance de dialogar con la ley de gravedad. El Shala hizo en este ingenio sus primeras pedaleadas sostenido por la inercia y completó con éxito el circuito de juegos a bordo de una drasiana made in La Fabricicleta.

Ofrendas a la Diosa Fortuna

Uno de los momentos fuertes llegó con los sorteos. Los chicos y las chicas, si bien se divirtieron mucho con las pruebas, fueron acumulando a lo largo de la tarde una sincera y desprejuiciada esperanza de recibir el número ganador. Es que desde primera hora las tres bicis recuperadas mostraron al público su belleza, a veces bucólica, a veces electrizante; llamando a la participación en las actividades. De cualquier forma y gracias a la generosidad de distintos bicicleteros porteños, no solo de bicis vivieron en los chicos, sino que allí se sortearon también cascos y timbres que rápidamente adornaron las cabezas y los marillares de muchos de los congregados.

Asamblea y azar

En uno de los debates previos a la organización de la jornada se discutió qué hacer frente a la posibilidad de que alguno de los ganadores del premio mayor ya tuviera una bicicleta. ¿Debería donarla? ¿Debería abstenerse de participar? ¿Quién puede decidir sobre estas opciones?

Por suerte, la realidad tiende a despejar nuestras dudas cuando amorosas certezas habitan nuestros corazones. Supimos por Iside que una de las niñas ganadoras de las bicicletas estuvo noches en vela esperando el evento, deseando que la esquiva fortuna le concediera una bici para acompañarla en la vigilia de su niñez. Ella, con su fe puesta en acto, obtuvo como recompensa un pedazo de infancia con cadena y manubrio. Los que anduvimos por ahí, sin número y sin saberlo, quizás también hayamos ganado el notable privilegio de ser una partecita anónima en un recuerdo feliz de la niñez de alguien que, aunque no sepamos su nombre, sabemos con certeza que ahora pedalea.

Semblante Masacritiquero

PS Como una imagen vale tanto como las palabras, haciendo click aqui se podra ver otras fotos del encuentro.

PS II Más fotos y agradecimientos en el blog de La Fabricicleta.

1 comentario

  • Pancho dice:

    Leyendo las entradas que generalmente publican, pude aprender algunos aspectos curiosos del mundo del ciclismo, divertirme con algunas osadas metáforas que florencen al costado de los caminos que recorren, interiorizarme de los debates que pululan acerca de los diversos usos del espacio público y hasta respirar aires de trastocada nostalgia desde la óptica infantil de la porteñidad. Lo que nunca habían logrado es que me conmueva la alegría de un niño viviendo en sus fantasías.
    Quizás se trate de la evidencia manifiesta de la magestuosa construcción de “recuerdos felices” para el querido Shala y en las antípodas del anonimato.

    Un Gran Abrazo

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