Segunda enumeración acerca de los accesorios, las tecnologías y las situaciones producidas por llevar niños a bordo de la bicicleta

En un anterior post describimos algunas cosas útiles y no tanto para que pedalear con chicos a bordo de nuestras bicicletas sea una experiencia deliciosa y segura. Escribimos estos posteos mientras el Shalakito crece; esperando el día o la tarde, en donde si es de su gusto; nos acompañe con sus propias piernas y novias. Las notas y comentarios de otros amigos perdidos y encontrados en el cibercicloespacio sobre estos tópicos, son además de bien recibidos, necesarios.

 El frío y los chicos a bordo de la bici.

Para muchos, despertar una mañana de domingo con mucho frío y sol es una invitación intensa a reformular el vocabulario haciendo de respirar y pedalear nuevos sinónimos. Además, un poco por ciencia y otro poco por sentido común, sabemos que una casa cerrada y sin ventilar, con fuertes diferencias térmicas respecto del mundo real; más que un hogar es una granja de agentes patógenos. Salir al frío, entonces; no es una opción alocada para el reproche de las abuelas. Bien abrigados, que es como decir bien amados, no hay temperatura que no podamos soportar.

Sin embargo, con el bébe en la bici, el entusiasmo debe ser saltado, amasado y aflojado. Luego de alguna invernal experiencia nos dimos cuenta con la flaca de dos cosas (como todo lo importante, parece obvio después de conocido). Enumeremos: (a) el niño no genera calor porque no pedalea como nosotros, y (b) existe un diferencia de temperatura relevante entre estar parado en la calle y sentado sin pedalear a bordo de la bicicleta (¿no es éste es el mismo principio de la sensación térmica?).

Por eso, un poco en base a nuestro ojo de buen cubero y otro poco por apego al sistema decimal, decidimos que el Shalakito no sale si el día está por debajo de los diez grados y no hay sol. Y aún con el termómetro a favor, salimos después de las once de la mañana; que es la hora donde hay menos sombras en las calles por la incidencia de los rayos solares y nuestro amado astro está un poco más calientito y hacemos trayectos un poco mas cortos. A no desesperar porque la temperatura media del invierno porteño es de 11.5 grados. Como se lee en la utima película de los Cohen, “toma con humildad lo que te suceda”.

Sobre la Silla Trasera

Si nuestro hijo o hija, nieta o nieto, niño querido en general ya atravesó el umbral de los diez u once kilogramos, es la hora de buscar una silla trasera. La experiencia con la sillita delantera nos ha resultado muy grata principalmente por primera; sin embargo el tiempo pasa, las piernas, el tronco, y la cabeza de los pibes crecen, y nosotros lo sabemos sin aceptarlo. Con la silla delantera perderemos el espacio para llevar las alforjas, problema que aún no hemos resuelto satisfactoriamente y que trataremos pronto, pero ganaremos a un verdadero copiloto.

A precios del post, las sillas oscilan entre los $70 y los $120. Ninguna de las que hemos visto en Buenos Aires parece destacarse por sus atributos especiales y bien sujeto al portaequipajes de la bicicleta, son objetos seguros si el que pedalea lo es. En la silla que el abuelo le compró al Shalakito, de la gama de las más caras; el diseñador parece haber pensado más en construir una sillita para auto que en una para bicicleta. Le hizo un apoyacabezas (por suerte o por error desarmable) que ponía un incómodo tope a  la cabeza con casco de nuestro gurisito. Lo más seguro es que lleve puesto el casco. Salvado esto, anda bien y sin novedad.

Un miedo que visita las entramadas mentes adultas es la posibilidad de que las piernas del pequeño pasajero en el viento sean presas de los rayos de la rueda. Inclusive en nuestro andar con la flaca hemos visto una madre que había atado los tobillos de una niña grandecita a la silla. Lo probamos, lo volvimos a probar y no hemos conocido el modelo, ni la postura que permita semejante posibilidad ya que todas tienen guardas a esa altura. Esta fantasmagórica idea solo podría suceder con un niño lo suficientemente grande como para andar en su propia bicicleta, que es cuando fomentar la autonomía de los hijos es la opción más saludable, física y psíquica.

Refractancias y Luces Buenas

Estamos tratando de reconstruir un circuito de luz con dínamo para nuestras bicis. Recuperamos uno que supo residir en una arqueológica Aurorita rodado 16, pero nos cuesta encontrar lámparas. Mientras hacemos esto, seguimos con las luces a pila. Las delanteras tienen la virtud de convertirse en una útil linterna, aunque mas no sea. Para la trasera más que una de esas luces pequeñas, rojizas y destellantes, recomendamos un saco o una cruz refractante, como la de los obreros viales: no dependemos de las pilas, reducimos el impacto ambiental y tenemos asegurada la visibilidad, ya que brillan inclusive con mínima luz. Tal como el indio Solari, quiere.

Promesas

En un próximo post, en algún punto del espacio tiempo futuro, hablaremos de nuestra búsqueda de la bicicleta ideal para andar con nuestros chicos, del problema del sesgo aeróbico del mercado local y de las razones para desafiar la hegemonía del cuadro diamante. Por ahora, un video para inspirar a fabricantes e importadores.

Todos hablan de Sudáfrica. Nosotros también

15 de junio 2010 Fernando Rinaldi
 

Llegó el Mundial, ese Jano alucinante que en una de sus caras tiene a uno de los meganegocios más gigantescos, globales y complejos del planeta; y en el otro se presenta como una fiesta de verdadero sabor y pasión popular, meca esférica de miles de peregrinos (reales y televisivos) de todas las direcciones de la rosa que ventea nuestros destinos.

Sin querer imitar la resignada pedagogía que toma el mundial como excusa para enseñar geografía y sin caer en el cinismo de creer que basta con las bicis para producir la necesaria transformación social en África; queremos invitarlos a visitar algunos sitios de la red que nos llamaron la atención sobre África y las bicicletas, más especialmente  sobre las inspiraciones y  las revoluciones sociales que sigue produciendo el pedalear. Todos los sitios, por conocidas razones históricas y geopolíticas, están en inglés.

Bicycle Portraits – everyday South Africans and their bicycles. A photographic book.

            Dos fotógrafos sudafricanos (Stan Engelbrecht y Nic Grobler) a principios de 2010 comenzaron a retratar mujeres y hombres pedaleando y a preguntarles sobre sus recorridos, sus gustos, sus experiencias. Cada foto es una entrada donde la fotografía (por lo general de un gran valor estético) está acompañada por la transcripción del encuentro. La variedad fotos y testimonios parece atravesar, al menos desde nuestra mirada; todos los contrastes de una sociedad que hasta hace bastante poco estaba gobernada desde el apartheid. 

 Bamboo Bike Proyect

            Los que solemos ciclowebear ya hemos visto la aparición de bicicletas cuyos cuadros son hechos con caña de bambú. De ser una ecosofisticación del mundo desarrollado, en este sitio, mantenido por The Earth Institute, Columbia University; las bicicletas con cuadro de bambú fabricadas en África aparecen como una solución económica y sencilla para fabricar y por qué no exportar este tipo de bicis en y desde África.

Africycle   

            Sitio de un proyecto canadiense que transporta bicicletas donadas hacia el continente donde todo lo humano parece haber empezado. Mas allá de las dudas que muchos solemos tener sobre cómo los países centrales encaran los proyectos de fomento, las enormes transformaciones que el uso de la bicicleta puede realizar en comunidades en situación de extrema vulnerabilidad es claro. Transformaciones que abarcan desde la generación de ingresos legítimos como acercar gentes, noticias y medicinas. Y no hay duda de que el uso de la bicicleta puede lograr ese cambio porque básicamente ya lo hizo en occidente durante el siglo XIX y el siglo XX. Otros sitios similares: Bicycles for Humanity y Re cycle.

 International Bike Fund

            Aquí se puede encontrar mucha bibliografía sobre cuestiones como desarrollo y movilidad en África. Algunos recursos bibliográficos son interesantes para reflexionar también sobre nuestra realidad.             

            La bicicleta también puede producir cambios en Latinoamérica y en la Argentina. Por ejemplo, sabemos que el INTA, a través del programa Pro Huerta; entrega bicicletas para favorecer la movilidad de poblaciones rurales en nuestro país. Y conocemos distintos grupos que organizan bicicleteadas solidarias para favorecer a distintas comunidades en situación de vulnerabilidad. La revolución del pedal no solo no terminó sino que aún está por empezar. Los amigos que anden en proyectos de este tipo, o con ganas de realizarlos, pueden contar con nuestra ciclofamilia. Y pueden contactarse e imaginárselos mientras con entusiamo, esperan los partidos de la selección en el continente africano.

Segunda Crónica de Masa Crítica y algunos episodios asombrosos

8 de junio 2010 Fernando Rinaldi
 

            En nuestro anterior post sobre Masa Crítica concluíamos que participar en esta “coincidencia organizada”, además de ser una experiencia política estimulante, de replantearnos temas como la crisis del petróleo y la vida en las grandes ciudades; nos resultaba un andar esencialmente divertido y recomendable para compartir con nuestros chicos, sean hijos, sobrinos o ahijados de la vida.

            En el encuentro pasado (6 de junio) tuvimos la suerte de conocer a bordo de sus bicis a la familia de Javier, de quien recibimos elogiosos comentarios sobre nuestro blog que agradecemos mucho; y durante la charla nos permitimos imaginar, por qué no, una Masa Crítica con un crítico componente de niños y niñas pedaleando. El círculo de los masacritiqueros con pibes se nos terminó de redondear cuando, ya cerca del Parque Centenario; nos encontramos con Nico y su casi adolescente hijo, que como lector fanático de Asterix es ya una personita propensa a la cultura de la libertad. El disfrutó de una forma casi militante (como el padre, creo) de los kilómetros en los que acompañaron al alegre pelotón. Los esperamos en la próxima.

 Otra vez las adrenalinas berretas. El caso del ridículo taxista

            Muchas veces me pregunté qué rara hormona se hace presente para convertir a personas normales, padres y madres de familia algunos, universitarios los otros, en conductores que disparan sus autos a velocidades delirantes cuando van en la ruta, la autopista o cuando la ciudad se los permite. ¿Qué es lo que les hace imposible representarse el peligro al que se someten y con el que amenazan a los demás? ¿Tan fuerte es la cultura del motor? ¿O será que existe cierta propensión, cierto malestar psíquico que el acelerador potencia?

Investigando un poco encontramos muy poca bibliografía, casi ninguna, sobre el manejo y los trastornos de ansiedad o de las conductas violentas. De hecho, los estudios sobre el psiquismo y la seguridad vial parecen concentrarse en la capacidad de reacción y en factores neurológicos del que está al volante , más que en todo lo que al conductor se le atraviesa frente a un embotellamiento o en cómo se representa a si mismo frente a la violación de las normas de tránsito. Pareciera que estamos en una cultura que presupone el accidente más que la seguridad, el impacto calculado más que de la autolimitación al volante. Esta cultura llega a un pico en un televisivo programa sobre seguridad vial en la Argentina, vinculado a empresas de seguro, cuyo nombre lo dice todo: Crash Test. En criollo; el choque es inevitable y lo que te vendemos es “sobrevivirlo”.    

            Todo esto para narrar que a la altura de Paseo Colón y la Rosada, apenas comenzado el recorrido de la Masa Crítica;  un taxista no pudo representarse lo que implicaba la presencia de más de cuatrocientos ciclistas alegres y preso de sus circunstancias enfermas y cobardes; chocó la rueda de la ya sufrida bici de uno de los masacritiqueros. El pelotón, como siempre debemos decirlo; respondió con firmeza y sin reproducir la violencia del taxista. Solo rodeó por un tiempo al agresor que, desesperado y ya sin la adrenalina que lo llevó a cometer su acto; llamaba por radio a vaya saber que rescatista, temiendo que los ciclistas se comportaran como él. Si bien la marcha siguió tan alegre como siempre el episodio nos alerta: el alcohol al volante mata, pero los tipos trastornados, enfermos de la bocina, ansiosos, empastillados e impacientes también.

 En Europa no se consigue. De cómo la Policía Federal nos cortó las calles.

            Los que seguimos el desarrollo de Masa Critica a nivel global, solemos encontrarnos con numerosos reportes sobre represión y brutalidad policial en las distintas ciudades del mundo donde se pedalea. Hace poco en Los Ángeles, como en otras ciudades, la masa crítica se vio hostigada por las fuerzas del orden. En este último encuentro, para sorpresa de casi todos, las sirenas que acompañaron el trayecto entre el Obelisco y el Parque Centenario sonaron para abrirle paso al grupo. Algunos amigos de otros países que participaron del encuentro, me pareció percibir; al ver a la policía se prepararon casi resignadamente al arresto o la victimización como cumpliendo un rito. Por suerte, y creo ubicar el desde – por el año 2003 -, las cosas han cambiado y mucho, respecto del tratamiento de las fuerzas de seguridad a las distintas manifestaciones sociales. Y afirmamos esto sin olvidarnos de Fuentealba, y de otros militantes sociales.

 Conclusión con Shalakito cantando

            Veníamos charlando con la flaca cargados de vino y pan sobre lo sucedido en Masa Crítica (donde algunos participantes se asombraron de como duerme nuestro hijo en la bici) y sobre el destino general de nuestras vidas (los domingos a las nueve se abre la boca negra del oráculo y eso es algo que hay que saber) cuando nuestro primerizo, luego de que un bocinazo destrozara la relativa paz del barrio que habitamos con nombre y diminutivo; comenzó a corear en sus tres cuartos de lengua “nnoo, nnoo; bibis si; nnoo, nnoo; bibis si” (usando el translator de google autos no, bicis si). Pequeña emoción; sin pagar la patente.

Las bicicletas tienen género

1 de junio 2010 Marcela Espíndola
 

Las bicicletas y su género, o mejor dicho;  los usos y representaciones que hombres y mujeres realizan y construyen en torno al ciclismo, siempre ha sido para nosotros una cuestión de especial interés. Por eso decidimos abrir una nueva página con recursos en internet sobre esta cuestión más allá o más acá de las fisiologías (que trataremos en próximos posts); y ofrecerles un primer ciclopost comentando una original página llamada Cicle Chic. Este blog, que funciona desde el año 2006; está imprimiendo un original estilo filosófico y fotográfico a la cultura contemporánea de la bicicleta de las grandes ciudades del mundo, y ha inspirado una suerte de cyber movimiento expresado en una cada vez mayor cantidad de blogs y páginas inspirados en él.

Todo comenzó en uno de los mejores sitios sobre ciclocultura y activismo que existen en la red llamado copenhagenize.com. Este sitio tenía como característica particular la publicación periódica de fotografías casuales de chicas elegantes yendo y viniendo por las calles de Copenhage en bicicleta (si Menphis es la capital del blues y Buenos Aires la del tango, Copenhage por muchas razones es la capital del ciclismo urbano). La colección de imágenes se presentaba como una manera bella y chic de alentar el uso cotidiano y elegante de la bicicleta desterrando el karma de la vestimenta especial para ciclismo y del uso solo sesgado a tribus urbanas, deportistas, activistas o simplemente sectores populares. La colección de chicas chic de copenhagenize.com (luego Cicle Chic) situó a la bicicleta como un componente glamoroso de la vida y del paisaje urbano.

Como buen movimiento que se precie, Cicle Chic desarrolló su propio manifiesto del que extraemos algunas hilarantes consignas traducidas por este autor:

– Elijo el estilo antes que la velocidad.

– Voy a elegir una bicicleta que refleje mi personalidad y estilo. Andaré con gracia, elegancia y dignidad.

– Mi bicicleta es un complemento simple a mi estilo personal. El valor total de mi bicicleta nunca debe superar el de la ropa.

– Voy a personalizar mi bicicleta y adquirir, de ser posible, una cadena guardia, una pata de cabra, guardabarros, timbre y cesta.

– Asumo la responsabilidad de contribuir a la estética del paisaje urbano.

La propuesta de este “movimiento”, más allá de lo que pensemos sobre el glamour o lo fashion; constituye sin duda una nueva vuelta de tuerca sobre una de las revoluciones sociales más significativas que produjo el uso masivo de la bicicleta a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Para ese momento las mujeres cargaban un enorme peso en sus ropas, en las que las enaguas y el corset eran quizás las más restrictivas para la libertad de movimientos. Muchas mujeres de aquel tiempo, verdaderas protofeministas por lo general de clases altas; encontraron en la bicicleta además de un vehículo que les proporcionaba movilidad individual sin necesidad de chaperones masculinos; la oportunidad y el símbolo para manifestarse en contra de las distintas formas de opresión que se ejercían sobre ellas y sus cuerpos.

La Rational Dress Society como otras sociedades de mujeres de finales del siglo XIX y principios del XX promovieron el uso de la bicicleta entre sus socias junto a los primeros pantalones para mujeres llamados bloomers, alegando que la forma de vestir tradicional no proporcionaban comodidad ni seguridad para poder andar en bicicleta. Lady Haberton, una reconocida activista en favor del vestido racional y miembro del Cycling Touring Club, protagonizó en 1899 un episodio significativo en esta historia. Luego de no ser aceptada en un salón de té por usar pantalones bloomers mientras se encontraba de viaje en bicicleta, demando a la dueña del establecimiento por este hecho.

Como suele suceder en las luchas sociales, Lady Haberton perdió en los tribunales, pero la transformación en las vestimentas ya era irreversible. La bicicleta se iría constituyendo en uno de los objetos clave y representativos de esta nueva conciencia de libertad para las mujeres (en el cuerpo, en la mente, en las aspiraciones) y fue uno de los símbolos más importantes de movimientos como las sufragistas americanas e inglesas que demandaban el derecho a voto de las mujeres a finales del siglo XIX y principios del XX. Pero esto, ya es motivo de un próximo ciclopost.

Bibliografía:

Gray, Martin y Watson Roderick (1978) El libro de la Bicicleta. H. Blume Ediciones, Madrid.

Lo que pasa cuando nuestro hijo se duerme a bordo de la bicicleta o por qué Shalakito no se parece a las manzanas de Newton

La flaca suele enojarse mucho pero creo tener razón. Estamos pedaleando hacia cualquier lado y algunas personas nos increpan desesperadas “Oiga…Señor, señor, cuidado…se le durmió el bebe…se va caer”. El tono con que lo hacen es por lo general urgente y afectado; en algunos casos viene con reproche; en otras con un dejo compasivo a nuestra supuesta desaprensión, pero siempre siento escuchar la voz solemne e indignada de los mensajes de los oyentes de los programas de radio.

La flaca sostiene que es esperable que los vecinos se escandalicen cuando ven a un niño dormido profundamente en la silla trasera de la bicicleta. No pueden imaginar que quizás su sueño sea placentero a bordo de una alfombra voladora. Menos se representan que el que conduce y pedalea está irremediablemente despierto y atento. Para ellos nuestro pedalear, con el sueño querido a cuestas, es un insulto y un atentado contra el orden estricto de los roles urbanos. Y es un desafío insólito al esotérico Newton.

Una vez, shalakito tendría once meses y estaba dormido con su casco puesto en la sillita delantera de la bicicleta. Una señora que pasaba la increpó desvergonzadamente a la flaca respecto del daño terrible que producía el peso del casco sobre las pequeñas cervicales del niño. Mi mujer, paciente y amable, le mostró el insignificante peso del casquito, la seguridad de los arneses de la silla, los recaudos que como padres normales y respetables habíamos asumido para pedalear con nuestro hijo. No contenta con las explicaciones nos dijo que al ir el bebé en la silla delantera, lo exponíamos a una segura neumonía (la gente suele expresar sus deseos en sus advertencias). No llegué a preguntarle si era médica. Tampoco llegué a mandarla al cuerno. Urbanidad disfrazada de urbanismo

Otra vez, yendo a Plaza Irlanda en una siesta hermosa de la primavera; un automovilista con su familia hizo una maniobra lamentable que, si bien no nos puso en riesgo directo; complico la marcha y desencadenó maniobras que podrían haber desencadenado otras también equivocadas. En el semáforo me dijo “Che, se te durmió el bebe, a ver si se cae…” Sin la paciencia que caracteriza a mi pareja desaté argumentos con música in crescendo. Cuando le iba a decir que, al menos estadísticamente, corrían mas peligro sus hijos despiertos en el auto que el mío dormido en la bici; el semáforo, como un correo africano, cortó el intercambio que empezaba a ser epistolar.

Nunca faltan los que señalan la visita de Morfeo a bordo de nuestras bicicletas sacando los brazos o la cabeza por fuera de la ventanilla del automóvil (…el nene…el nene…). Ni tampoco las adolescentes y abuelas que suspiran preocupadas y enternecidas. Es cierto, el shalakito dormido es comparable a cualquier proeza de algún contorsionista hindú. Su cabeza, relajada y desarmada; los brazos bajos, aunque sin soltar el chupetín (si lo hubiere); dan una impresión de alta de vulnerabilidad.

Sin embargo, cuando duerme yo tengo un contacto con él que no conozco cuando, por ejemplo, se duerme en el auto. Su cabeza se recuesta en mí y lo siento en cada inspiración. Sé si esta bien, si se despierta; se los contornos de su sueño aunque no conozca los personajes que lo visitan. Los peatones creen que uno va desentendido del niño, como si fuera una bolsa o una caja de herramientas. Sentencian que a la ya irresponsabilidad de pedalear en la ciudad o la montaña se le suma la locura irracional de hacerlo con chicos. Quizás ahora, que desde este blog escribimos regular y familiarmente estas botellitas náufragas; logre empezar a sonreír amablemente a los peatones preocupados, como quien tiene una secreta y transparente complicidad con la ley de gravedad y su fuerza. Nosotros pedaleamos entusiastas y ella nos lleva, nos cuida, nos advierte…

Frank Paterson en la Mañana de Agronomía y el encuentro con el perro Tchaiko

18 de mayo 2010 Fernando Rinaldi
 

La mañana del domingo 16 de mayo de 2010 fue la primera mañana del invierno porteño. El frío con sol es para nuestro pedalear un clima tan placentero como el de la más cálida de las noches veraniegas cerca de nuestro amado y marrón Río de la Plata. Salimos con el Shala en busca de una ruta posible para un proyecto ciclístico que pronto presentaremos, y un poco por la tardía hora y otro poco por varios pesares geográficos, decidimos abandonar la ruta prefijada. Descubrimos, entre guantes, bufandas y cierta melancolía por el café, que por lo general abandonarse de manera consciente es la mejor decisión para encontrar lo que buscamos en el ciclismo y en su mejor metáfora, la vida.

Subimos el puente de Avenida San Martín con el mismo entusiasmo con que enfrentamos algunas montañas; nuestra nariz en el aire y el sol, nuestro corazón heroico como el de Induráin y Lance definiendo sus liderazgos en el Tour de Francia. Entramos al predio de la Facultad de Agronomía sin conocerlo y nos pareció maravilloso por su sencillez, habitado entre otros seres, por una llama que pastaba sola mientras el colectivo 105 escribía con aceite su parte de la mañana. En la Avenida de las Casuarinas, al llegar a una pintoresca barrera del Ferrocarril Urquiza, doblamos y bordeamos la vía por un trayecto no mayor de quinientos metros. Allí me recordé que le debíamos un homenaje a Frank Paterson; artista ciclista – si es que ese género existe –  y una de las mejores inspiraciones pictóricas para los que disfrutamos los pedales junto a todas las formas del arte.

Vías del Lacroze en Agronomía

Mi contacto con las imágenes de Frank Paterson tuvo lugar en los eternos recorridos que cuando niño realizaba sobre el primer libro que tuve de bicicletas; regalo de mi tío mentor en las dos ruedas (“El Libro de la Bicicleta” de Watson y Gray, ya agotado). En él, los dibujos de este artista ilustraban distintos capítulos, desde la historia del ciclismo hasta algunas consideraciones sobre el cicloturismo. Yo, que siempre tuve un carácter tan cerca de lo melancólico como de lo histórico, solía admirarlas buscando en ellas un vértice dimensional donde poder colarme dentro de sus trazos y sus tintas.

Los protagonistas de Paterson son principalmente cicloturistas ingleses de entreguerras, lectores de la mítica revista “Cycling” e hipotéticos socios del Ciclo Touring Club, institución británica que como la de los automóviles, desarrolló una enorme red de hoteles para su cuarto de millón de socios y un fuerte lobby por mejores señales y rutas. Visitar sus imágenes es recorrer una simple utopía de libertad encontrada en los viajes largos y de fin de semana. Frank Paterson retrato con singular belleza y economía una de las grandes revoluciones sociales que produjo la bicicleta; la posibilidad de obtener vacaciones y verde, lejos de las ya gigantes ciudades, a un simple precio calórico pagado a las piernas.

    

En esa época la idea de salud y naturaleza no era tan aeróbica como la contemporánea. Los personajes pedalean con su pipa, su cerveza y sus útiles de cocina en una campiña siempre ondulada. Cuando disfruto de sus dibujos pienso en la última charla que tuvimos con mi tío sobre bicis y rutas en la época en que la Panamericana no dejaba de ensancharse. Recuerdo cómo lamentaba la conversión en autopistas de las rutas tradicionales del domingo (Gaona, Panamericana, Richieri) y la consecuente expulsión de su pelotón. Hoy de la mano de Paterson y en Agronomía evoqué la tristeza compartida de no poder llegar a bordo de la bici a lugares como los bosques de Ezeiza y la tan recorrida ruta de la Central Atómica que hacía de pibe sin que mis padres lo sepan. Pero no poder salir por nuestros propios medios de Buenos Aires es letra de otro post.

El ánimo artístico nos llevó, al Shala y a mí, a conocer al perro Tchaiko y su dueño. Nos cruzamos con ellos bordeando las vías del Lacroze y me llamó la atención que su bicicleta tenía sillita y alforjas. “Este hombre encontró una solución para la silla y las alforjas traseras” me dije y lo encare con entusiasmo. “Pero yo no llevo chicos” me dijo “el que viaja aquí es mi perro Tchaiko”. Después de conocerlo con el Shala creímos escuchar en sus ladridos, algún acorde del Lago de los Cisnes, quizás para coreografías contemporáneas.

Primer repaso de accesorios, tecnologías y situaciones producidas por llevar niños a bordo de la bicicleta

En un post anterior escribimos algunas líneas muy biográficas sobre la experiencia y los objetos involucrados en el pedalear con los hijos chicos. Por ahora, nuestros repasos se centran en las ciclocircunstancias de los menores de tres años porque hasta ahí, mayo de 2010, llegan nuestros saberes. Esperamos las notas y comentarios de otros amigos perdidos en el cibercicloespacio que nos comenten y nos preparen para compartir con los chicos más grandes. Hasta ese momento van algunos productos del mercado local, anotaciones al margen y alguna anécdota tan peregrina como las llantas que sostienen nuestro andar.

El casco

Como todos los accesorios para pedalear lo mejor es comprarlos en bicicleterías. Si bien es un gremio difícil (tanto lo es, que pese a mi torpeza voy a tomar un curso de mecánica) ellos saben y por lo general tienen los productos con normas homologadas. Uno de ellos es el casco para los chicos. Si bien los hay con distintos motivos y colores, una de las cosas que no podemos dejar de fijarnos es que cumpla alguna norma de fabricación e impacto. Algunos de los cascos que se venden en jugeterías no tienen ninguna norma por lo que son sombreritos de plástico adornados con motivos televisados. Un certificado común para los cascos  es el de la Comunidad Europea (CE) y el sello suele esta estampado en el interior del mismo. Un casco tipo puede durar muchos años si tiene un regulador de diámetro de cabeza. Quienes lean inglés pueden visitar la página BICYCLE HELMET RESEARCH FOUNDATION

 

 

La sillita delantera

La única condición para sentarse en ella es que el bebé mantenga con claridad y control una posición erguida. Si logra sentarse bien y relacionarse con las cosas desde esa posición, ya está listo para salir a rodar en una sillita delantera. Llevarlos allí es una de las experiencias más gratificantes para ambos por lo sencilla y divertida. Estas sillitas se ajustan al estén (lo que sujeta el manubrio) por lo que solo se pueden usar con los integrados (ej. los estenes y manubrios de las playeras). Si bien el mercado local no es muy prolífico en diseños y calidades, nosotros afirmamos que la sillita de plástico que se vende en cualquier bicicleteria bien de barrio, minimalista en sus formas, suele ser suficiente y segura a la vez. Con una calcomanía oportuna de los backyardigans o algún ser del universo similar, el objeto cobra una estética reconocible. Sin hacer una apología romántica de lo sencillo, la sillita básica nos garantizará diversión y piropos (escucharemos por la calle, como brisas; qué lindo, qué divino…) sin gastar mucho en designers.  La seguridad la generamos nosotros con nuestro andar sereno y amigable. Eso sí, el límite de acuerdo a nuestra experiencia ronda los diez kilogramos. Las sillitas que hemos visto en mercado tienen una suerte de cinturón de seguridad cruzado. Recomendamos complementarlo con una correíta de mochila o camping, que realice un ajuste cruzado de los hombros hacia abajo, principalmente para evitar que al dormirse, nuestro niño adopte una postura ciclofetal que lo deje muy suelto. Con respecto a las bicis, digamos que con una “playera” en buenas condiciones y con frenos en las dos ruedas como condición excluyente alcanza y quizás hasta sobre. Total, nos proponemos explorar nuestro barrio a una velocidad desconocida; que es casi como dar la vuelta al mundo.

Alforjas.

No tengo dudas de que una de las cosas que puede hacer del ciclismo una experiencia desagradable para el cuerpo y la mente, además de una mala postura del sillín o una bici en condiciones de olvido; es cargar con objetos en la mochila. La espalda sufre, la gravedad cambia, el pedalear se convierte en un vuelo torpe y gallináceo. Como todos los padres aprenden, un bebé viene acompañado por unos cuantos metros cúbicos de ropas, pañales, leches y mamaderas. Las alforjas, sujetas al portaequipajes trasero no solo nos brindarán muchísima comodidad, sino que además nos permitirán cargar el termo, el mate y algún libro o diario dominguero. Mayor volumen, mayor autonomía, mayor comodidad. Hoy, por suerte hay una gran variedad de alforjas en el mercado, nosotros sin querer ser la Para Ti, recomendamos especialmente las que son individuales ya permiten modular mejor la carga (en la más grande de las carteritas tipo triángulo, las que se cuelgan del cuadro, entran dos pañales y las toallitas. Un poco jugado pero…)

En próximos post seguiremos abordando temas como la silla trasera, los carritos de arrastre y unos productos que llamaremos genéricamente Follow Me. Dejamos un videíto de la bici europea Taga, solo para que nos de un poco de envidia.

PD: Recomendamos visitar el sitio Bicifamiliar para obtener un vista de cosas y productos no disponibles en el mercado local. Pero que invitan a imaginar.

Por qué volvimos a participar de Masa Crítica y los que tocan bocina un domingo a la tarde

3 de mayo 2010 Fernando Rinaldi
 

Hay pocas cosas que nos distraigan de dormir nuestra ancestral y norteña siesta los domingos. Si bien la pedaleada dominguera es también un ritual de libertad, solemos consumarlo por la tarde, sobre todo en verano; y volver a la casa con las primeras estrellas. Si salimos todo el día, con picnic de salchichas y palitos, más probablemente en invierno y otoño; el lugar donde vamos a dormir la siesta entre árboles de reserva o aviones del río, se presenta como el principal requisito de la jornada. Si bien el shalakito se la banca, tampoco tiene que correr el Tour de France con nosotros y por cierto dormir es un placer, sensual, genial…  

Pero con Masa Crítica es distinto. La primera vez que vi algo sobre Masa Crítica a nivel mundial, fue en los surfeos (surfear ya no se usa mas ¿no es cierto?) en la red buscando cosas sobre las bicis y la cultura de las bicis. Me pareció interesante el movimiento, su sesgo autogestionado, plural y horizontal; para que más si solo se trata de pedalear y manifestarse. El planteo es muy sencillo: muchos ciclistas, los mayor cantidad de muchos; reunidos a una hora, en un día; saliendo a pedalear y festejar; una “coincidencia no organizada” como le dicen. No se respiran mayores consignas que la de la acción colectiva asociada a una visión, quizás un poco utopístiquera; pero altamente inspiradora sobra la movilidad urbana, los espacios públicos, la crisis del petróleo y la libertad de rodar. Y con una filosofía de la convivencia en la ciudad basada en una consiga de gran radicalidad y eficacia: “No entorpecemos el tráfico, somos el tráfico”.

Me enteré de que la Masa Crítica se estaba realizando en Buenos Aires por un volante pegado en el circuito KDT un sábado de sol y pelotón. Me entusiasmó mucho la llegada de la “Masa” a estas costas ribereñas, pero entre lluvias, compromisos y vaya a saber que otras necedades, nunca pudimos participar hasta la reunión de marzo de 2010. Esa vez, como la de este primer domingo de mayo, fuimos solos con Shalakito porque la flaca no pudo participar. Pocos niños, muy pocos, bicis de todos los tipos, tamaños y colores; y muchos jóvenes críticos. En suma, más de trescientos participantes y un clima de diversión expresiva que incluyó sin más invitación a los pibitos presentes. El recorrido fue decidido minutos antes de largar y mi niñito, que por lo general suele tocar las fibras sensibles de la gran participación, especialmente de la femenina; aplaudía y tocaba su cornetita al ritmo de las consignas y los aplausos. Frente a los bocinazos apurados de los coches, respondía junto al resto de los pedaleantes con ese grito gutural, originario y esencialmente alegre con el que los pedalistas masacríticos intentan detener la ansiedad de los domingueros angustiados y motorizados (Golpe bajo del autor: los automovilistas no tocan con esa intensidad la bocina cuando hay algún choque. Esperan y curiosean…)

En esa reunión de marzo asistí a una suerte de asamblea a dos ruedas donde se decidía, mientras andábamos, si cortar toda la avenida Córdoba o dejar un carril abierto. Mi timidez vestida de cercanía a los cuarenta me impidió participar, pero íntimamente esperaba que dejaran un carril. Los más jóvenes, que suelen tener razón cuando son audaces, decidieron lo contrario. La experiencia ahora me indica que los conductores se ponen fóbicos y aceleran con obvios riesgos para la seguridad de todos. Comprender que esa resolución era lo mejor para el grupo, no me dejó pensando en mi adultez, sino en la lógica del evento; sin culpas.

Hoy, domingo de mayo, Shalakito se la bancó completa. Del Obelisco a la Boca, nos reímos, aplaudimos; el pibe recibió presumido los siempre bienvenidos halagos de las chicas y los domingueros de los autos sufrieron un poquito, aunque no tanto. En vez de andar a 30 km/h, anduvieron, en algunos tramitos de la ciudad, a 12 o 15 km/h; lo que es casi tan o más rápido que en la Panamericana a esa hora. El pelotón siempre reconoció la paciencia de los conductores con un “gracias por esperar”.  Sin embargo, hubo uno, según las mentas a bordo de un tuneado Falcon Verde, que le lanzo gas pimienta a uno de los participantes quinceañeros. Todo un gesto de valentía de parte del automovilista, quizás inspirado por el modelo y el color de su automóvil. Pero, pese a esta situación típica de la generación de adrenalina berreta al volante y, sin dejar de reivindicar al joven masacritico; el evento fue muy divertido, singular y altamente recomendable para ir a pedalear y manifestar con los chicos. Para nuestro juicio, toda una definición de lo vivido.

PD: Esta experiencia me hace pensar en el apartheid y las bicisendas…mmm.

Plaza Irlanda o la banda de organizadores solitarios y desesperados

18 de abril 2010 Fernando Rinaldi
 

… Viene de 1000 ciudades, muchos despropósitos y pocas voluntades

En Aranguren y Donato Álvarez, otra barricada de guardias de tránsito; por iniciativa propia cortaba el paso en dirección hacia la Plaza Irlanda. Gesto inútil, pero ya los hombres de la gorra a cuadros contaban con nuestra piedad, aunque no con nuestra aprobación. En la Plaza, la Donadío había construido una suerte de mini circuito para niños con bicis de uso libre. Algo sensato, sencillo, divertido.

Le pregunté a una promotora del evento, no sé si por cínico o por curioso; cual era el circuito y si contaba con algún mapa del mismo. No lo sabía y no tenía ninguno, pero solícita y sin convicción, al ver un grupo de ciclistas que arribaban, me sugirió que me sume a ellos. Rápidamente, por que alguna vereda tengo, me di cuenta que la grupeta estaba conformada por pedalistas indignados que, como toros enruedados, se enfurecían ante la presencia de cualquier tela amarilla con la H, símbolo del gobierno porteño. Nos fuimos, un poco enojados porque C5N filmó a mi hijo (que con su casco se convierte en una suerte de Omar Shariff con toques de Martín Palermo y Peteco Carabajal) como muestra de la alegría que producían las iniciativas del hijo de Franco.

En la próxima esquina, última defensa de la Plaza Irlanda del asedio colectivero, una señorita, me jugaría licenciada en Markenting o Relaciones Internacionales, con la amarilla señal del caos y la H en la espalda; discutía por Nextel el sentido de Muñiz. No la acción de este prolífico argentino en las invasiones inglesas, ni su condición de pionero de la paleontología argentina, sino algo más prosaico y útil como si la dirección era N-S o S-N. La mire a la flaca, a babor unas vallas abandonadas naufragaban sin pasajeros en un esquina de barrio y, amor y silencio mediante, por Curapaligue nos llegamos a los nuevos juegos del Parque Chacabuco para tomar un mate mientras mi hijo areneaba. El placer real de todos nuestros viajes.

PD: Pocos ciclistas, poca gente en la calle, muchos automovilistas enojados. Desproporciones. Los ciclistas de ese domingo en la ciudad fuimos objeto de 1000 broncas de los automovilistas de paseo y sufrimos, estoicamente, una política que intenta favorecernos y logra, como un anti midas, todo lo contrario.

1000 ciudades, muchos despropósitos y pocas voluntades

16 de abril 2010 Fernando Rinaldi
 
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Este texto está dedicado a los guardias de tránsito, custodios involuntarios de licenciados que no leyeron la Filcar.

La mañana del 11 de abril era óptima para pedalear. El sol, ya con el otoño en sus rayos, calentaba lo necesario como para estar cómodo, fresco e hidratado. Sin embargo, la perspectiva de mi esposa volviendo a pedalear después de una lesión de dos meses; su insistencia en el participar del evento de las 1000 ciudades y el hecho que gracias a internet y a infobiker podía ver la famosa Paris – Robauix comentada en español (quizá la carrera clásica más épica del calendario europeo); me decidió por posponer para la tarde la largada del pelotón familiar.

A muchos nos pasa, ver carreras tan intensas como la París – Roubaix nos llena de una inspiración inmediata, intensa, y levemente infantil, donde una vocecita interna trasmite para la tv imaginaria nuestras proezas. Con ese sentimiento, nos fuimos con el Shala y mi amada negra; a ser parte de de la iniciativa sustentable del Gobierno de la Ciudad. Mi corazón, lo confieso; no tenía la mejor disposición. El hijo de Franco todavía no ha demostrado grandes dotes organizativas y además, un evento de esta naturaleza suele requerir un sentido militante que los pro – amarillos no solo no poseen, sino que suelen despreciar mas por una cuestión vintage que por una íntima y torpe convicción.

Mientras nos dirigíamos al garaje donde guardamos las bicis, la negra tuvo que soportar todas mis diatribas sobre el problema de la segregación urbana hacia las bicicletas; que en otros posts desarrollaremos. Me puse un tanto fervoroso, que es como algunos intelectuales denominan ponerse tedioso. Sin embargo, en la primer esquina ya tuvimos un adelanto de lo que iba a ser el resto de la tarde. Los dos guardias de tránsito apostados por la calle Zuviría, en torno a las 15.30 (hora y media más tarde del anuncio de inicio), no tenían claro que calle cortar y si el silbato era un aditivo del uniforme o bien estaba para señalar los penales imaginarios de un fantasmagórico partido de fútbol, tan fantasmagórico como el circuito sustentable. Directorio no estaba cortada, por lo que agarramos Bilbao hacia el Parque Chacabuco. En Emilio Mitre, otra patrulla perdida, mantenía una barricadita en Bilbao para nada y para nadie. Agitaban sus manos como nobles soldados del emperador japonés aislados y sin noticias, pero en la defensa del honor a punto de ser perdido.

En el Parque Chacabuco no había más bicis que las nobles domingueras que pueblan las veredas y las calles de uno de los espacios más bonitos de la ciudad. “No habrán largado” nos dijimos los tres luego de dos vueltas al parque. En Curapaligue tránsito como siempre. En Baldomero y Malvinas otros “japs” custodiaban una cuadra vanamente cortada como si fuera alguna isla coralina del teatro del pacífico durante la segunda guerra. El orgullo menoscabado de los guardias de tránsito me llevo a pensar, siguiendo la metáfora japonesa; en que el organizador debería imaginar cómo hacerse un Harakiri con un inflador. O vivir en la vergüenza.

En Directorio encontramos a un grupo de mujeres haciendo alguna clase de aero salsa que, con la gracia que caracteriza a muchas rioplatenses cuando bailan; profundizó la metáfora japonesa. Iwo Jima ya estaba cerca y se iba a llamar Plaza Irlanda.

Continuará…