La Bobineta o cómo hacer la luz en bicicleta (*)

4 de septiembre 2015 Fernando Rinaldi
 
Bobina

Bobina

En los últimos dos siglos, la humanidad ha conquistado la noche. De ser un tiempo del día reservado a los espíritus, los misterios y los conjuros, desarrollos como el alumbrado público o la electricidad domiciliaria nos han permitido ampliar nuestros espacios de vida y de paso, conjurar algunos miedos ancestrales. Pero, como en el universo nada es sencillo, ni mucho menos gratuito, nuevos peligros nos acechan aún con faroles en cada esquina, aunque estos sean menos míticos y más humanos.

Uno de los principales lo sufren los ciclistas, ya que por la noche son difíciles de percibir. Cómo dice la gente de la web “En Bici Seguro”, que uno vea no siempre implica haber sido visto y por eso nunca está demás insistir en usar luces y chaleco reflectivo. Probablemente por esto, desde sus inicios, la bicicleta tuvo a las luces como uno de sus accesorios casi obligados; desde primitivos faroles a kerosene o aceite, como los que iluminaban las señales ferroviarias y las locomotoras, hasta los dinamos, que permitían encender un par de buenos faros de mucha luz, al módico precio de hacer un poco más de fuerza al pedalear. Muchachos, ya grandes, deben guardar en sus oídos el recuerdo del zumbido del dínamo y como la intensidad de las luces aumentaba con la cadencia del pedaleo, como si fuera un reflector en un teatro.

Hoy, las luces led están transformando las formas de iluminarnos. Presentes en los automóviles, en las casas, en el alumbrado público, las led también están cambiando las formas de hacer visibles a los ciclistas. No es para menos, las ventajas del Light Emitting Diode, tal su nombre en inglés, son muchas y en su mayoría están vinculadas con el cuidado del ambiente. Son mucho más durables, tienen bajo consumo, no contienen ni mercurio ni tungsteno y resisten un gran número de ciclos sin alterar su rendimiento, o dicho más simple, se pueden apagar y prender sin que esto las afecte; propiedad fundamental para las luces ciclistas.

Pero, todas estas ventajas del led se ven cuestionadas porque la mayoría de los modelos de luces que se ofrecen en mercado tienen como fuente de energía a las pilas, uno de los principales contaminantes domésticos. En esa encrucijada aparece la idea del taller de La Bobineta, del que participó este cronista, para combinar las virtudes del led con una de las energías renovables más desaprovechadas, la energía humana.

Bobineteando

Evolución

Evolución

Llegué con mi bici a la “Biblioteca Popular Sudestada” con un montón de preguntas. ¿Que era realmente una bobineta? ¿Funcionaría? ¿Revolucionaría la manera de andar en velocípedo, tal como prometía el volante electrónico? En principio, la localización de la biblioteca -Florida, provincia de Buenos Aires- parecía propicia. En esa barriada, el gran Oestherld situaba a Juan Salvo “El Eternauta”, cuya profesión, paradojas del destino, era la de fabricar baterías. Si Buenos Aires se llenaba de nieves mortales, Ellos y Cascarudos, las chances de sobrevivir aumentarían por el solo hecho de andar por ese barrio.

En la puerta, Sebastián, impulsor de La Bobineta, invitó a todos los participantes a los fondos del lugar para comenzar con la actividad. Sebastián además de ser un trabajador de los medios audiovisuales se confiesa fanático de las bicicletas, de la electricidad y de reciclar cosas, principalmente residuos electrónicos e informáticos y en ese afán dicta estos talleres.

– ¿Vamos a hacer un dínamo? – pregunté ansioso apenas me senté en la mesa de trabajo.

– No, no – contestó Sebastián – Lo que vamos a hacer con La Bobineta es convertir nuestras bicicletas en dinamos – y abrió una caja con una singular máquina, construida con un motor de impresoras que servía para bobinar cables de cobre, primer paso en la construcción de La Bobineta.

Mandala eléctrico.

Mandala eléctrico.

Mientras enrollábamos el cable de cobre esmaltado en una bobina muy pequeña, un poco más grande que un dedal, los participantes del taller escuchamos que el principio que utiliza La Bobineta se basa en una de las maravillosas propiedades de la electricidad. Si bien dando corriente se genera movimiento en un motor por ejemplo; lo mismo sucede al revés, si se genera movimiento se obtiene electricidad.

¿Cómo obtener corriente eléctrica del movimiento? Muy simple, a partir de un imán muy potente, de una bobina y del movimiento de la rueda de la bicicleta; se trata es de capturar la mayor cantidad de líneas de flujo electromagnético con un dispositivo –La Bobineta– para generar electricidad a partir del andar y con ella, iluminar el pedaleo. Sebastián contó que descubrió el principio de La Bobineta tratando de entender cómo funcionaba realmente un transformador, ya que no le creía del todo a un docente de su juventud. Entonces, desarmó un lavarropas y se dió cuenta de que podía generar electricidad desde una bicicleta utilizando imanes y bobinas.

El recuerdo del lavarropas trajo de inmediato al admirado Graeme Obree, quien también utilizó partes de ese electrodoméstico para construir su singular bici apodada Old Faithful para batir el récord de la hora. Los astros bicicletistas estaban alineados.

La actividad empezó cuando el creador de La Bobineta volcó sobre la mesa de trabajo un conjunto de objetos en apariencia caótico; luces led, cables, tornillos, relés, todos en espera de una segunda oportunidad. Con esos materiales, más unos potentes imanes de neodimio reciclados de discos rígidos de computadora; la bobina con el alambre de cobre esmaltado, un tornillo de acero, un portaled, un conector externo y una tapita de gaseosa, nos iba alcanzar para alumbrar la bici.

Caos organizado

Caos organizado

La construcción de La Bobineta resultó sencilla. Una vez enrollado el alambre de cobre en la pequeña bobina y lijadas las puntas para que haya conexión, con un punzón  hicimos cuatro perforaciones en los costados de una tapita de gaseosa para dar lugar al portaled y al conector externo. Colocamos el tornillo dentro de la tapita con la bobina y  soldamos las puntas del cable de cobre bobinado al conector y al portaled. Luego, con un caliente baño de silicona, sobre la pieza ya soldada y alojada en la tapita, dimos por terminada la primera fase constructiva para pasar a trabajar en las bicicletas. Las piezas de acero que portaban los imanes, con unos tornillos en las puntas, parecían el símbolo de Batman y eran las que iban a permitir capturar la energía de nuestro pedaleo. Las colocamos sobre los rayos y luego, con una abrazadera, ajustamos el tornillo con la bobina protegida por la tapita al cuadro de la bici y empezamos a calibrar La Bobineta.

Se trataba de lograr la máxima cercanía del imán respecto de la bobina, para lograr mayor eficiencia y obtener un mejor alumbrado. Una vez instalada la bobineta en mi bicicleta, soldé dos cables que salían del conector externo y así pude reciclar una luz led , de esas con cobertura de goma, que funcionaba a pilas.

La Bobineta con toda su simpleza constructiva, soporta con seguridad al menos 10 leds, lo cual ofrece una excelente visibilidad al ciclista en las calles nocturnas. Pensemos solamente que el juego de leds de goma con pilas que compramos en cualquier bicicletería tiene solo dos luces blancas y dos rojas…

A instalar

A instalar

Entusiasmado por el hecho de que la bobineta funcionó, le pregunté a Sebastián si alguna vez le ofrecieron comprar la idea o vender bobinetas ya hechas. Respondió tajante que La Bobineta no se vende ni se compra, que una de las ideas centrales del taller es que las personas intercambien saberes y experiencias de manera libre y pasen una tarde construyendo ellas mismas sus propios objetos. Parece lógico; si algo propone la cultura de la bicicleta a la ciudad es volver a lo esencial, a recuperar espacios de autonomía y de cuidado por el ambiente. Más tarde, le confesé a un amigo, que trabaja con energías renovables, el entusiasmo por el dispositivo. “Pero si así funciona Yaciretá, Fausto” me dijo y sentí una nueva y enorme energía en mis piernas, suficiente como alumbrar no solo el camino de vuelta, sino también el de ida hacia una ciudad más ecológica, más humana y por eso más pedaleable.

A La Bobineta la enocntras en https://www.facebook.com/labobineta.bicicleta 

Lista

Lista

(*) Una versión de esta nota la publicamos en la revista Ciclismo XXI de Agosto de 2014

5 comentarios

  • Patricia dice:

    Como siempre, es un instructivo placer leer este blog pedalero

  • Pancho dice:

    Además de una lectura cada vez más amable y atrapante, tu blog, querido Fausto siempre entrega estas maravillosas metáforas; cual eufemismos de la técnica para observaciones profundamente humanas.

    Mis felicitaciones por este excelente artículo!!!

  • Jorge Bernal dice:

    Genial proyecto, lo he desarrollado pero creo que el hilo de cobre que use es muy grueso y genera pocas vueltas en el carrete, que calibre de hilo recomiendan, gracias y felicitaciones.

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