Masa Crítica de Agosto y un contradagio de las bocinas

9 de agosto 2011 Fernando Rinaldi
 

Conexión Satelital

Los augurios eran muy buenos para esta Masa Crítica de Agosto pese al cruel frío. El primero y más trascendente fue el esperado debut con siete meses del Lolo en la sillita delantera de la bici, que como en el Tour de France, ofició de prólogo a la Masa Crítica Porteña. El segundo fue el luminoso plato que cocinó la flaca para el almuerzo que compartimos con Federico mientras nos alistábamos, sin saber aún que para nuestro querido amigo la Masa iba a ser un eufemismo de la gastronomía. Y el tercero fue el encuentro en el camino con amigas de bicicletas criollas e inglesas con las que compartimos el viaje hasta el Obelisco en un pequeño y decidido pelotón surcando una tarde que traía frío y un poco más de frío, siempre adobado con viento del sur.

Paso, paso, paso...

Al llegar a la Plaza de la República Masacritiquera, un hombre de cabello y barba blanca nos recibió con un volante donde se reproducía una dura y polémica carta de un ciclista a un automovilista. La Masa antes de largar se suele parecer a una feria -que conste que no decimos mercado- donde muchos van a comprar, vender, intercambiar y regalar distintos productos ya convertidos en bienes. Desde revistas y fanzines, remeras y comidas; hasta otros artículos menos tocables como un pensamiento, un abrazo, una foto o la crítica carta mimeografiada que nos recibió. Este hecho no está para nada mal, puesto no todos los días un artesano o poeta puede encontrar reunidos a casi mil personas desconocidas con los sentidos abiertos y dispuestas a autogestarse un paseo en bicicleta. Y además nos gusta, porque uno de los grandes problemas que tienen las producciones alternativas son los circuitos de distribución, principal ventaja de Coca Cola.

Duelo Criollo

No hay duda que el parque porteño de bicicletas plegables ha tenido un enorme crecimiento en los últimos tiempos. Son tantos los usuarios, que en el inicio de la Masa asistimos a un extraño duelo entre el posedor de una A – Bike y Federico, dueño de una Brompton negra. Ambos plegaron con destreza sus bicicletas frente a una multitud, con el contrafálico objetivo de ver quien de los dos era el dueño de la mas pequeña. El resultado no fue absoluto, mientras una se hizo mas estirada y fina hasta parecerse a un paraguas; la Brompton se mantuvo en su gruesa y cuadrada estirpe ciclista. De más está decir que el pleito terminó en un empate aplaudido y honroso para ambos, siendo la única medida válida la sentida por sus dueños y admiradores.

Abastecimiento

Nos cruzamos en el andar con Jonathan, que profesa una extraña y pagana religión que algunos antropólogos llaman Campagnolismo y otros Anunciación Campagnolera. Este credo, minimalista como el acero y el aluminio, insta a sus seguidores a mantenerse fiel a la marca con la promesa de un andar terrenal, fuerte y eterno; tal como el Santo Grial con Perceval. Muchos amigos se hicieron presentes, algunos de cumpleaños como Leo, uno de los impulsores de Rashe Cycles; otros como Maria Mara mantienen una connsigna orgullosa que compartimos, mientras que Santi  tuvo la gentileza de elogiar estas desengrasadas notas que publicamos.

Pedaleante no hay camino

Extraño algo

La salida de la Masa fue trabada por la presencia de un camión que cargaba una suerte de gigantesco algo que alguna vez estuvo en las marquesinas de la calle que nunca duerme. Luego, recuperado lo compacto del pelotón por Avenida Huergo, atravesamos el Luna Park repleto de fans adolecentes de algún cantante a la carté (de solo pensar que Coppi y el recientemente fallecido Pavesi pedalearon allí…). Despues de Retiro, el giro fue hacia el puerto en vez de la ciudad, lo que nos llevó a la siempre rugosa y bocinante Costanera para luego seguir a Libertador, tambien rugosa y bocinante. En esos giros los budines de chocolate que ofrecía de manera generosa Cecilia  fueron saqueados por una horda de ciclistas también amables y ruidosos, que desde ya, incluía a nuestro hambriento amigo Federico.

Atila y los unos

En Puerto Nuevo, con el sol de contraluz, asistimos a un interesante debate bicigeográfico -que después se propagaría- entre Pescau y Esteffi, también conocida por su bici dibujada en el hombro. Pescau planteaba que ese camino nos alejaba de uno de los elementos mas singulares de la Masa, que es la irrupción de cientos de bicicletas en puntos distntos de la ciudad, mientras saludaba irónico a los contenedores. Ella, más cercana a la afirmación, recordaba que la Masa es esencialmente un paseo autogestivo más alla de cualquier interpretación sociológica y que los bordes del río no son un mal lugar para andar; de hecho el río en la curva que va del Puerto a la avenida Costanera es una de las mejores vistas ciclistas de la ciudad.

Cultura y Contracultura

Una sensación de aporía se nos adueñó ante la claridad de los argumentos y los argumentadores. Es cierto que este camino ha sido varias veces pedaleado y que por allí no hay otros seres vivos mas que los prefectos y los camioneros; además de que las vías de tránsito pesado siempre prometen mas roce que las otras calles rodables. Sin embargo tambien es cierto que los que venimos a la Masa lo hacemos ávidos de incertidumbre y con un espiritu pacífico que no reniega de la tensión, de lo rugoso, aunque con el límite puesto en los territorios del bardeo y la provocación.

Y todo a contraluz

Una sola observación debe hacerse a este debate basada en la experiencia compartida. Pareciera que hay una correlación entre las largas avenidas sin cruces de calles ni semáforos y la pérdida de compacticidad, lo que favorece la ocasional aparición de sprinters que embriagados de viento y velocidad se disparan olvidando sin querer a los de atrás. En este punto, lo decimos sin prejuicios liberales y para disgusto de Mariano Grondona, nos encanta que la Masa “iguale para abajo”, que favorezca la cercanía a los que andan mas lentos y permita una rápida recuperación de quienes sufrieron una señalada rotura.

Música

Ya de noche, con algo más de frío y a la altura del Tattersall, decidimos con el Shala pegar la vuelta y poner la horquilla al Suroeste, manteniendo la pedaleada perplejidad por el debate. Mientras esperábamos cruzar, por primera vez vimos con claridad el desarrollarse de la Masa, seguida de automóviles peregrinando con paso humano en un movimiento continuo. Tan lunfardos como latinos, recordamos a Galileo frente a la inquisición y nos dijimos de manera aporteñada: “Eppur si muove, papá”.

6 comentarios

  • Victoria Preciado Patiño dice:

    que bueno, no pude estar este domingo, pero leerte es como haber pedaleado con la masa. Nos vemos la próxima!
    Victoria

  • El Santy dice:

    Fer gracias.!!! el domingo no fui y la verdad solo de leerte me trasportaste.!!! abrazo grande.!!!!

  • camilo dice:

    muy bueno!

  • Pescau Lineafina dice:

    Ansina es, nomás, don Fausto. Uno no gana para sustos, ni para disgustos, ni para relajos. Uno no gana y punto. Efestivamente, notaba yo que los contenedores, extrañaos, nos miraban sin comprender. Por eso sugerí que les dedicáramos unos saludos.

    Por lo demás, como siempre, un gusto su prosa aterciopelada.

    Saludos.
    P.

  • Felix dice:

    adhiero a steffi. la masa es incertidumbre y no está mal circular por lugares donde nunca irías solo. circular solo por avenidas comunes y corrientes no está tan bueno. es la verdad, algo que me desomotiva mucho.
    gracias por tu narrativa. siempre buena y pareja.
    gracias por comunicar.

  • Casavelos dice:

    ese algo, no era el perrito que estaba en la esquina de corrientes y 9 of july, arriba de la confitería?

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