Pedalear para enfriar el planeta*

15 de diciembre 2015 Fernando Rinaldi
 

Parece una contradicción, pero para enfriar el planeta hay que empezar a calentar la bici. Es que la producción ilimitada de bienes, mucho de ellos desechables e innecesarios, junto al consumo intensivo de recursos no renovables,  nos está llevando a una de las más profundas crisis ambientales y económicas que haya atravesado la humanidad. En los últimos cien años, debido al uso masivo de combustibles fósiles se liberaron y -pese a todos los acuerdos internacionales para su reducción- se siguen liberando enormes cantidades de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Este proceso, conocido como calentamiento global, tiene y tendrá enormes consecuencias en la alimentación, la salud y en la localización de millones de seres humanos.

Pero no solo se trata del cambio climático, la distribución de las consecuencias y los beneficios de este modo de producir son escandalosamente injustas. Solo el 15% de la población mundial que vive en los países de altos ingresos es responsable del 56 % del consumo total del mundo; lo que implica que si toda la población mundial viviera como un habitante medio de los países de altos ingresos, se necesitarían 2.6 planetas para sostener ese consumo. Por ello, y más allá de que cada país adopte las mejores prácticas sustentables de acuerdo a su responsabilidad y su capacidad económica; es necesario entender que el único camino para resolver la crisis ambiental contemporánea es promover más igualdad entre las personas que habitamos el planeta. Y si se trata de igualdad, es hora de poner nuestra mirada en el vehículo más democrático, igualitario y limpio que existe: La Bicicleta.

Verdadera Energía Renovable para la ciudad

Las ciudades acaparan cerca del 75% del consumo energético global y son también las responsables de 75% de las emisiones de carbono y otros gases contaminantes. Buena parte de ese consumo está relacionado con las actividades vinculadas al transporte donde los combustibles fósiles, como sabemos los ciclistas cada vez que estamos atrás de un automóvil, son la principal fuente de energía.

Algunas estimaciones recientes, avaladas por la Organización Mundial de la Salud, sugieren que la contaminación urbana como causa de muertes prematuras es superior a lo que se pensaba. “Las ciudades deben tener la capacidad de recuperación, autosuficiencia y sostenibilidad social, económica y ambiental, ya que el rol que ocuparán en el futuro será fundamental. Dentro de 20 años, el 60% de la población mundial vivirá en ellas” afirma María Cecilia Boudin, geógrafa experta en cuestiones ambientales. Y señala que, como la combustión de los vehículos introduce en el ambiente urbano gases de efecto invernadero a gran escala que dañan el ambiente y la salud de las personas; es necesario desincentivar el transporte automotor y alentar formas alternativas de transporte que no contaminen. “La bicicleta, no solo no produce ningún tipo de contaminación directa, sino que es mucho más económica, fomenta una población activa y saludable y requiere menos gastos de mantenimiento” concluye.  

Ya durante la crisis del petróleo en los años 70 del siglo pasado, que demostró la enorme dependencia que el mundo desarrollado tiene respecto de los combustibles fósiles; la bicicleta comenzó a ser reconocida como un vehículo eficiente y amigable con el medio ambiente urbano, cuyo aporte no podía ser obviado en la solución de la crisis ambiental y energética. No es para menos; un hombre en bicicleta es mucho más eficiente que caminando, más que los aviones a propulsión o que los caballos. Y como recuerdan Watson y Gray en “El libro de la bicicleta” de 1978, la energía de un litro de petróleo comparada a la que un ciclista obtiene de la comida, permite pedalear casi 400 km sin ruidos, ni polución. Pero, pese a todas sus ventajas, recién en este principio del siglo XXI, la bicicleta está siendo tenida en cuenta como un vehículo que puede contribuir al objetivo de que nuestras ciudades sean más  sustentables. Para lograr esto, lo primero que hay que hacer es cambiar la perspectiva y dejar de pensar en que todas las necesidades de transporte se resuelven a motor.

Por ejemplo, el hecho de que mercaderías muy livianas, como las mercaderías del comercio minorista, sean transportadas entre distancias muy cortas por vehículos muy pesados, constituye una de las grandes paradojas de la logística urbana. Para ayudar a resolver esta cuestión; se creó en 2011 el proyecto CycleLogistics (www.cyclelogistics.eu) que tiene como objetivo promover que las empresas de logística adopten bicicletas de carga en sus opciones de transporte para mover mercancías más grandes que sobres o papelería en las ciudades europeas. Para ello instan a las autoridades locales a crear infraestructuras y marcos normativos que favorezcan la adopción de la bicicleta en la cadena de abastecimiento urbano. Los responsables del proyecto aseguran que al menos un 25% de los transportes que hoy se realizan en vehículos de motor por la ciudad, podrían ser efectuados con distintos tipos de bicicletas de carga, opción que además de ser más económica, genera menos congestión de tránsito y menos polución. El proyecto, cuenta con el apoyo de la Unión Europea e incluye a autoridades locales, compañías de transporte y a la Federación de Ciclistas Europeos.

¿Pagar por transporte o que te paguen por transportarte? En algunos países y ciudades de Europa se están implementando incentivos económicos para que sus ciudadanos adopten la bicicleta como medio de transporte personal. Francia, Holanda, Gran Bretaña y Bélgica son los países que lideran esta propuesta. En el caso de Bélgica por ejemplo, las empresas y los organismos públicos pueden pagar a los trabajadores deducciones fiscales de hasta 0,21 euros por cada km recorrido en bicicleta por día, con un máximo de 15 km/día. Pero estas propuestas no solo son patrimonio europeo.

10801556_622768334493746_682582307395375460_nEn Buenos Aires, la Asociación del Personal de Dirección de la Empresa Subterráneos de Buenos Aires (APDESBA) ha implementado un plan piloto para promover el uso de la bicicleta entre sus integrantes. La iniciativa abarca a los 120 afiliados al gremio, un tercio del personal de la empresa, y contempla abonar $ 0,10 por kilómetro recorrido. Más allá de los montos, la medida tiene un alto valor simbólico, porque se origina en una organización gremial. “Hacía rato que daba vueltas la idea de ofrecer un incentivo para usar la bici, como se ha hecho durante más de un siglo con el auto. Creemos que es probable que ciertas personas agarrarán la bici con este programa y que una vez que empiecen, no se bajarán más” afirma Matías Fernández Long, responsable de la propuesta y ciclista urbano. Y agrega, “la idea es que la empresa levante la apuesta y ofrezca un monto para todos los empleados”.

Estos son apenas dos ejemplos sencillos y prácticos de cómo la bicicleta está cambiando la forma de enfrentar los problemas de contaminación ambiental de las grandes ciudades y existen muchos más que seguiremos tratando en próximas notas. Pero lo importante es reconocer que cada ciclista que se lanza a la calle para pedalear por placer o para viajar a sus actividades no solo está ganando en felicidad y salud, sino que está empezando a construir, a fuerza de pedal, una nueva forma de habitar   nuestras ciudades y el planeta donde la simple y eficaz energía humana vuelve a tener valor.  

*Una versión de esta nota la publicamos en la Revista Ciclismo XXI de abril de 2014

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