ReBolución con “B” de Bici

8 de marzo 2017 Marcela Espíndola
 
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Ya abordamos en este espacio, la historia de la bicicleta y cómo ésta fue una herramienta capaz de empoderar a la mujer desde finales del siglo XIX. Pero ¿qué similitudes guardan esas mujeres en bicicleta de finales de siglo XIX con las de principios del XXI? Aquí rescatamos la experiencias de tres organizaciones sociales que quieren visibilizar las desigualdades con las que se encuentran las mujeres y transformar el ciclismo urbano latinoamericano.

 

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La bicicleta como vehículo fue apropiado por las mujeres de finales del siglo XIX y produjo una auténtica revolución en los usos y costumbres de las féminas de la época que lograron aumentar su autonomía en el espacio público y, en consecuencia, su libertad.

El primer colectivo social que hizo de la bicicleta un símbolo y una herramienta clave en la lucha por sus derechos políticos fueron las feministas sufragistas. Pero no sólo la bicicleta sirvió de instrumento para reclamar el derecho a votar, sino que también transformó los modos de vestir. Y muchas mujeres de aquel tiempo, por lo general de clases altas, encontraron en la bicicleta – además de un vehículo que les proporcionaba movilidad individual sin necesidad de acompañantes masculinos – la oportunidad y el símbolo para manifestarse en contra de las distintas formas de opresión que se ejercían sobre ellas y sus cuerpos.

Hacia fines del siglo XX, las demandas de las mujeres se fueron profundizando: la expansión de los espacios para la libertad corporal y de movimientos, el derecho al ejercicio de sus derechos políticos pero también sexuales y reproductivos, entre otros, interpelarán a los Estados y a los gobiernos para lograr nuevos espacios de participación y nuevas conquistas.

La bicicleta conserva hoy, como hace más de un siglo; un gran potencial como herramienta de transformación social y de género. No sólo mejoran el tránsito de nuestras ciudades, sino que a la vez cambian la vida de las mujeres y sus familias.

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Diversas investigaciones dan cuenta que las mayores responsabilidades domésticas de las mujeres, en combinación con su acceso menor a los recursos económicos, impactan significativamente en sus posibilidades de transportar y viajar. Este problema se observa con mayor claridad en las mujeres de hogares de menores ingresos, ya que ellas experimentan aún mayores limitaciones en cuanto al transporte que los hombres. Aquí la bicicleta puede ser una herramienta importante en la promoción de la equidad de género y reducción de la pobreza entre las mujeres.

Haciendo foco en ellas

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) más del 50% de quienes usan los sistemas de transporte público son mujeres. Sin embargo, no todos nuestros sistemas se diseñan teniendo en cuenta las necesidades de ellas. “Las mujeres como usuarias enfrentan ciertos retos que son diferentes a los que enfrentan los hombres: Las mujeres hacen más viajes, y viajes más cortos, con múltiples transbordos y la falta de integración de los sistemas de transporte hace que terminan pagando más y tardando más tiempo, lo cual limita su movilidad física y laboral. Las mujeres también sufren más la falta de seguridad, poco alumbrado público y pasos peatonales inadecuados” (BID, División de Transporte Sector de Infraestructura y Medio Ambiente, 2016).

La Macleta (Mujeres Arriba de la Cleta) una de las más reconocidas organizaciones de ciclismo urbano de América Latina, sostiene que los principales factores que incentivan a las mujeres en la adopción de la bicicleta como medio de transporte urbano son la independencia, autonomía y una actitud positiva y propositiva ante nuevos desafíos.

“Una mujer que toma la decisión de subirse a la bicicleta y de moverse en la ciudad, ha pasado por un proceso de reconocimiento de sus propias capacidades, y ha decidido hacer uso de ellas en beneficio propio. Junto a ello, está la incorporación en las mujeres de la noción de autocuidado y bienestar integral y los beneficios físicos que conlleva el uso de la bicicleta; al pedalear nos ejercitamos sin pagar un peso. Las mujeres pedaleamos y desafiamos a los estereotipos estéticos sobre lo femenino, como el temor a la masculinización de la imagen, así como incorporamos nuevos aprendizajes y experiencias, sin sentir amenazada la feminidad” (Macleta, marzo 2015).

Potenciar la bicicleta no como fin, sino como medio para estimular la participación de las mujeres en el espacio público, es el objetivo que se han planteado organizaciones sociales, movimientos de ciclistas y feministas en algunas ciudades de Latinoamérica. Este trabajo colectivo de las organizaciones empieza a agitar el pulso del ciclismo urbano en nuestro continente.

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Mujeres Bici-Bles Salta

Andrea María Navarrete (34) emprendió hace un año un viaje en bicicleta por Latinoamérica. Alcanzó a recorrer 7 mil kilómetros por las rutas de 8 países, y a mitad de su viaje tuvo que retornar a su país por problemas de salud de su padre.

“Vi que existe el mismo problema en toda Latinoamérica: la gente me pregunta mucha veces: ‘¿viajas sola?’; les llama la atención que la mujer esté sola, muchos piensan que somos vagabundas o estamos buscando lo que se nos ha perdido. Aquello que pasó en el Siglo XIX sigue pasando hoy, porque moverse en bici sigue siendo una decisión política” sostuvo la ciclista urbana colombiana en declaraciones a Radio Caracol, Colombia.

En su Bucamaranga natal, Colombia, Andrea fundó en 2012 el colectivo Mujeres Bici-bles, una red que promueve el uso de la bicicleta desde un concepto de equidad de género. El pretexto social del viaje en bici de este año era ampliar la red de Mujeres Bici-bles, como un gran movimiento latinoamericano que sume más mujeres a las calles, y que se suban a la bicis como elemento de transformación de sus vidas.

Hoy la red tiene capítulos en Perú, Bolivia, Ecuador, México, Colombia y en Argentina, más precisamente en Salta, Bariloche, y Tucumán.

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Sororidad

Mujeres Bici-bles tiene una biciescuela para mujeres hace varios años en Colombia, y esa experiencia se empieza a replicar. Por ejemplo, en Salta. Jimena Pérez Marchetta, referente del movimiento en esa provincia expresó que “el objetivo siempre es sumar más mujeres a las calles. Las ciudades estuvieron diseñadas por hombres. Los recorridos, marcadas por lo cotidiano, son diferentes para hombres y para mujeres: en general, a los varones su primera bici la tiene de chico, y a las mujeres les regalan ollitas, tacitas de té, cocinitas, que reproducen las tareas dentro de lo privado”.

En su paso por Argentina, Navarrete les ayudó a armar la biciescuela, que brinda talleres una vez por mes. “¿Por qué sólo mujeres? Buscamos un clima de confianza, todas estamos pasando por lo mismo, y si no ahora, nos pasó antes. Cuando hay un hombre, siempre trata de imponerse o con sus modos, o con su voz. Muchas nos dicen que son objeto de burla en sus familias, porque son las únicas que no saben andar en bici. Llegan con ese pendiente, pero se van con otras cosas. Se sienten bien, empoderadas, levantan su autoestima, superan por sí mismas los obstáculos, dispara su autonomía” relató Jimena de Salta.

Para Mujeres Bici-bles la bicicleta puede ser usada en grupos de mujeres y niñas para prevenir la violencia en su contra. “Garantizar la movilidad en bici para mujeres y niñas, ayuda a que disminuya también la percepción de inseguridad que todos sentimos de la calle. Entonces, usar la bicicleta, que resulta tan simple y cotidiano para tanta gente, garantiza también una forma de movilidad segura para la población femenina”.

¡Hágalo Ud. misma!

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La satisfacción de lograrlo

La Asociación de Ciclistas Urbanos (ACU) – con sede en Buenos Aires – organizó el pasado 3 de diciembre su primer curso de mecánica básica para mujeres. La convocatoria proponía un espacio para empoderar a las mujeres y sumar saberes que potencien la independencia que ya te da la bicicleta.

Irene Fernández, organizadora del evento, destacó: “La idea fue generar un evento que además de empoderar a la mujer, que le diera una herramienta para ser independiente para resolver los mínimos inconvenientes que se nos puedan presentar, también era llamar la atención sobre el hecho de que las mujeres estamos culturalmente excluidas del tema de la mecánica. Si bien muchas veces nadie nos prohíbe aprender o ingresar a algún curso, lo que pasa es que tu papá sabe pero no te enseña, o vivimos circunstancias que hacen que una termine no sabiendo y no metiéndose”.

Daiana, una de las asistentes al taller, expresó: “es difícil entender cuando se hace una convocatoria solo para mujeres. Las mujeres necesitamos esos espacios. Necesitamos estar entre mujeres para poder animarnos a hacer todas las preguntas que necesitamos hacer, para poder compartir el desconocimiento y el conocimiento. Yo llegué con muchas dudas e incertidumbre y me voy muy contenta. Hoy saqué por primera vez una cámara y una cubierta y me encantó mancharme las manos con grasa. Es muy gratificante poder hacerlo una misma”.

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Mecánicas violetas

Para María Laura, el espacio que se generó desde ACU le sirvió de mucho para sacarse las dudas que tenía: “lo que más me interesaba era cómo salir del paso y no depender de tener una bicicletería cerca”. En tanto, Carolina se sintió entusiasmada con la posibilidad de la continuidad de este tipo de cursos: “Necesitamos un espacio para resolver los problemas con la bici, donde hablemos de nuestras cosas, donde compartamos nuestras herramientas y experiencias con la bici”.

Evidentemente, el espacio era más que necesario y desde la ACU se anunció que harán más de estos talleres como parte de los festejos de su cumpleaños número 20, en 2017.

Para crecer, también hay que pedalear

Ciclofamilia, organización dedicada al ciclismo urbano, género y equidad vial en Buenos Aires, lanzó el pasado 25 de noviembre – Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres – un taller para que niñas y adolescentes aprendan a pedalear.

El taller es un desprendimiento de la biciescuela para adultos/as que lleva adelante la organización hace más de 5 años. “Lo que venimos observando es que viene creciendo el número de mujeres jóvenes en nuestros talleres. Creemos que tiene que ver con que hay espacios que aún hoy siguen estando vedados para las mujeres desde temprana edad. Con este espacio, queremos incrementar la posibilidad de que niñas y adolescentes disfruten de los espacios públicos, de vivir sin temor al acoso, y de acceder a oportunidades de disfrute del entorno urbano. A través de la bici, mejorar su autoestima y la autonomía de estas mujeres que están creciendo” explicó Marcela Espíndola, Coordinadora del Proyecto en Ciclofamilia.

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Flamantes ciclistas

Sin lugar a dudas, todas estas iniciativas que compartimos aquí se dan en un momento en el que gobiernos locales debaten herramientas para lograr una movilidad más sustentable y más inclusiva en las ciudades. La bicicleta tiene un papel bifronte en el logro de esos objetivos: la mayor presencia de mujeres en bici en el espacio público es un mensaje de seguridad para el resto de los actores del espacio vial, mientras que su efecto transformador incide en la vida de otras mujeres, generando medidas positivas para la construcción de ciudades más equitativas.

Contactos
Mujeres Bici-bles Latinoámerica: www.mujeresbicibles.com/
Mujeres Bici-bles Salta: www.facebook.com/MBSalta
Asociación de Ciclistas Urbanos: www.acu.org.ar
Ciclofamilia: www.ciclofamilia.com.ar

4 comentarios

  • Rossana V Martinez dice:

    Hola,queria contar mi experiencia sobre las clases de bicicleta para adultos y a la vez agradecer a marcela mi instructora por hacer realidad mi sueño de aprender a andar en bici,gracias marce se que falta mucho por recorrer pero fue muy gratificante la clase,se lo super recomiendo a quien quiera empezar de cero ,si se puede !!!

  • sandra dice:

    Hola buen diaaa quería saber como que tengo q hacer para aprender andar en bici??? Me dijieeon que ustedes enseñaaban..gracias

    • Marcela Espíndola dice:

      Ya te enviamos un mail. Gracias por el contacto!

  • Iris dice:

    Hola: al igual que Sandra me interesa aprender a andar en bici. Gracias!

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