Segunda enumeración acerca de los accesorios, las tecnologías y las situaciones producidas por llevar niños a bordo de la bicicleta

En un anterior post describimos algunas cosas útiles y no tanto para que pedalear con chicos a bordo de nuestras bicicletas sea una experiencia deliciosa y segura. Escribimos estos posteos mientras el Shalakito crece; esperando el día o la tarde, en donde si es de su gusto; nos acompañe con sus propias piernas y novias. Las notas y comentarios de otros amigos perdidos y encontrados en el cibercicloespacio sobre estos tópicos, son además de bien recibidos, necesarios.

 El frío y los chicos a bordo de la bici.

Para muchos, despertar una mañana de domingo con mucho frío y sol es una invitación intensa a reformular el vocabulario haciendo de respirar y pedalear nuevos sinónimos. Además, un poco por ciencia y otro poco por sentido común, sabemos que una casa cerrada y sin ventilar, con fuertes diferencias térmicas respecto del mundo real; más que un hogar es una granja de agentes patógenos. Salir al frío, entonces; no es una opción alocada para el reproche de las abuelas. Bien abrigados, que es como decir bien amados, no hay temperatura que no podamos soportar.

Sin embargo, con el bébe en la bici, el entusiasmo debe ser saltado, amasado y aflojado. Luego de alguna invernal experiencia nos dimos cuenta con la flaca de dos cosas (como todo lo importante, parece obvio después de conocido). Enumeremos: (a) el niño no genera calor porque no pedalea como nosotros, y (b) existe un diferencia de temperatura relevante entre estar parado en la calle y sentado sin pedalear a bordo de la bicicleta (¿no es éste es el mismo principio de la sensación térmica?).

Por eso, un poco en base a nuestro ojo de buen cubero y otro poco por apego al sistema decimal, decidimos que el Shalakito no sale si el día está por debajo de los diez grados y no hay sol. Y aún con el termómetro a favor, salimos después de las once de la mañana; que es la hora donde hay menos sombras en las calles por la incidencia de los rayos solares y nuestro amado astro está un poco más calientito y hacemos trayectos un poco mas cortos. A no desesperar porque la temperatura media del invierno porteño es de 11.5 grados. Como se lee en la utima película de los Cohen, “toma con humildad lo que te suceda”.

Sobre la Silla Trasera

Si nuestro hijo o hija, nieta o nieto, niño querido en general ya atravesó el umbral de los diez u once kilogramos, es la hora de buscar una silla trasera. La experiencia con la sillita delantera nos ha resultado muy grata principalmente por primera; sin embargo el tiempo pasa, las piernas, el tronco, y la cabeza de los pibes crecen, y nosotros lo sabemos sin aceptarlo. Con la silla delantera perderemos el espacio para llevar las alforjas, problema que aún no hemos resuelto satisfactoriamente y que trataremos pronto, pero ganaremos a un verdadero copiloto.

A precios del post, las sillas oscilan entre los $70 y los $120. Ninguna de las que hemos visto en Buenos Aires parece destacarse por sus atributos especiales y bien sujeto al portaequipajes de la bicicleta, son objetos seguros si el que pedalea lo es. En la silla que el abuelo le compró al Shalakito, de la gama de las más caras; el diseñador parece haber pensado más en construir una sillita para auto que en una para bicicleta. Le hizo un apoyacabezas (por suerte o por error desarmable) que ponía un incómodo tope a  la cabeza con casco de nuestro gurisito. Lo más seguro es que lleve puesto el casco. Salvado esto, anda bien y sin novedad.

Un miedo que visita las entramadas mentes adultas es la posibilidad de que las piernas del pequeño pasajero en el viento sean presas de los rayos de la rueda. Inclusive en nuestro andar con la flaca hemos visto una madre que había atado los tobillos de una niña grandecita a la silla. Lo probamos, lo volvimos a probar y no hemos conocido el modelo, ni la postura que permita semejante posibilidad ya que todas tienen guardas a esa altura. Esta fantasmagórica idea solo podría suceder con un niño lo suficientemente grande como para andar en su propia bicicleta, que es cuando fomentar la autonomía de los hijos es la opción más saludable, física y psíquica.

Refractancias y Luces Buenas

Estamos tratando de reconstruir un circuito de luz con dínamo para nuestras bicis. Recuperamos uno que supo residir en una arqueológica Aurorita rodado 16, pero nos cuesta encontrar lámparas. Mientras hacemos esto, seguimos con las luces a pila. Las delanteras tienen la virtud de convertirse en una útil linterna, aunque mas no sea. Para la trasera más que una de esas luces pequeñas, rojizas y destellantes, recomendamos un saco o una cruz refractante, como la de los obreros viales: no dependemos de las pilas, reducimos el impacto ambiental y tenemos asegurada la visibilidad, ya que brillan inclusive con mínima luz. Tal como el indio Solari, quiere.

Promesas

En un próximo post, en algún punto del espacio tiempo futuro, hablaremos de nuestra búsqueda de la bicicleta ideal para andar con nuestros chicos, del problema del sesgo aeróbico del mercado local y de las razones para desafiar la hegemonía del cuadro diamante. Por ahora, un video para inspirar a fabricantes e importadores.

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